
Todavía hay secretos bien guardados.
¿Qué le parecería escaparse en el corazón de St Barth en un pequeño y encantador hotel en medio de la vegetación o en un gran hotel en una de las playas más bellas playas de nuestra isla?
Cómo llegar a Saint Barthélemy, las conecciones maritimas ou aéreas, los charters privados, los trámites necesarios para la estancia en la isla ; las precaucions médicas o sanitarias ; prever... Todas sus respuestas en unos pinchazos!
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Fue a la edad de 14 años que Cristóbal Colón emprendió sus primeros viajes. Durante todos esos años se inició al arte de viajar a través de los mares. Con su gran experiencia aprendió geografía y cartografía. Para este aventurero nacido en Génova - Italia, no había ninguna duda: la tierra era redonda. Al embarcarse en el mar del Oeste, yendo siempre recto y siguiendo el sol poniente debería forzosamente alcanzar la India, se decía. Para realizar este proyecto, necesitaba protectores. Entonces, viaja a España y propone su proyecto al rey Fernando y a la reina Isabel la católica. El 3 de agosto de 1492, tres carabelas toman el mar… Los soberanos de España le dieron la oportunidad.
Navegando hacia lo desconocido, en plena tormenta, descubrió las Bahamas, Haití y Santo Domingo, luego se fue de nuevo a Europa. En su segundo viaje en 1493, descubrió la cadena de las Antillas Menores entre las que estuvieron Ouanalao, pequeña isla salvaje habitada por los indios Caribe. Cristóbal Colón rebautizó esta minúscula isla con el nombre de su hermano Bartholoméo.
Sin interés para estos colonos en busca de nuevos continentes ricos en oro y otros tesoros, dejaron a un lado la isla y volvieron a salir para hacer nuevas conquistas.
Los diferentes grupos: Amerindios, Caribes, Arawacks o Taínos, defendieron mal que bien su pequeño territorio. Pero por desgracia, frente a los colonos europeos, el combate se reveló desigual. Las armas modernas aventajaron rápidamente al “boutous” y las pequeñas hachas en concha de lambí.
Es solamente en 1648 que el Señor de Longvilliers de Poincy resolvió habitar la isla de Saint-Barthélémy. Envió entonces al Señor Jacques Gente con cuarenta o cincuenta hombres para establecerse allí. Esta pequeña colonia aumentó gracias a los cuidados de algunos habitantes de San-Cristóbal y particularmente de Sieur Bonhomme. Pero después de la terrible masacre de 1656, la isla estuvo abandonada. Los que habían escapado a la furia de los indios no quisieron regresar más allí. En 1659, la paz fue hecha con ellos, y el Señor de Poincy envió a unos 30 hombres. En 1664 se contaban hasta cien.
En 1665 la Compañía de las Indias Occidentales readquirió Saint-Barthélémy de la Orden de Malta. En 1666 se devolvieron a San-Cristóbal, contra su voluntad, todos los habitantes de Saint-Barthélémy y de San - Martín, y se intentó una nueva colonización agrupando irlandeses evacuados de San Cristóbal. Esta tentativa se reveló ser un fracaso ya que los habitantes de Saint-Barthélémy regresaron rápidamente a sus tierras.
En 1674, Saint-Barthélémy pasa al dominio real y a la Colonia de Guadalupe. Corsarios, Filibusteros y piratas hacen de ella su guarida, aunque en 1744 un ataque de los ingleses saquea la isla. Algunos habitantes regresaron a las islas del Sur, pero, como la isla permanece vinculada a Francia, vuelven allí hacia 1764.
En 1763, Descoudrelle tomó el mando de la isla. Esta administración fue excelente y los habitantes recobraron rápidamente su legendaria alegría de vivir.
Pero nada puede detener la corriente de la historia y en Francia entre Gustavo III y Luis XVI se prepara un curioso destino para esta pequeña isla… Un intercambio de galpón en Gotemburgo - Suecia contra Saint-Barthélémy.
En 1784, Saint-Barthélémy volverá a ser posesión sueca. El 7 de marzo de 1785, a las once de la mañana tuvo lugar la cesión de la isla. Se abrirá entonces, una era de prosperidad nunca conocida. El Rey Gustavo tomó buenas decisiones económicas y Saint-Barthélémy tuvo un auge considerable.
En el antiguo sitio de Carenero asistiremos al nacimiento de la ciudad de Gustavia con sus calles en adoquín, sus fuertes con los nombres de reyes de Suecia: Gustav, Karl y Oscar. Se verá aparecer una armoniosa mezcla de piedra y madera que dará nacimiento a espléndidos edificios que todavía se pueden ver hoy: el antiguo ayuntamiento, el campanario sueco, el bergantín, la subprefectura, el museo biblioteca (antiguo Wall House)…. El puerto se llamará Gustav en el honor al rey y se convertirá en Puerto franco. En 1800 la población alcanza los 6.000 habitantes.
Algunos años de guerra van a sacudir la isla así como una serie de catástrofes naturales: sequías a repetición, ciclones, lluvias torrenciales y el inolvidable incendio de 1852 que devastó la parte meridional de Gustavia. El rey Oscar II, bien desconcertado con esta isla que ya no le aporta más que preocupaciones, decide finalmente retrocederla a Francia. El 16 de marzo de 1878 Saint-Barthélémy recobra su nacionalidad francesa.
Saint-Barthélémy parece adormecerse en su discreción. En realidad, prosigue su pequeña vida abrumadora pero tranquila entre honor, trabajo y familia. Ciclones, período de sequía, enfermedades, desórdenes sociales, intrusión de una flota inglesa y rebelión de los esclavos plagan su vida diaria, sin por esto perturbar las actividades que condicionan su sobrevivencia:
-Cosecha de la sal
-Pequeña agricultura familiar
-Marina y pesca
-Trenzado de la paja
-Venta ambulante
-Ganadería.
A pesar de estos esfuerzos, la isla es incapaz de garantizar un nivel de vida decente a la población. Los hombres van trabajar a las islas cercanas. Las familias no dudan en exiliarse en las Islas Vírgenes, particularmente en San-Tomás. El progreso poco a poco se pone en marcha. A pesar de la miseria creada por las repercusiones de la gran guerra y la falta de agua, la vida se organiza. Se construyen algunas cisternas comunales en los barrios, en el campo las escuelas abren sus puertas, tramos de carretera comienzan a dibujarse a través de colinas y campos.
En 1945, el Señor. De Haënen abre Saint-Barthélémy al mundo aterrizando en avión por primera vez en la llanura de Saint Jean. Al mismo tiempo, se comienza a arreglar el puerto de Gustavia.
Hacia 1960, la salida de los estudiantes de la isla, será retrasada de cuatro o cinco años. Ya no se verán obligados a irse en goletas desde la edad de once años, debido a que un colegio acaba de abrir sus puertas en Gustavia. Un poco más de comodidad hace tímidamente su aparición.
En los años ochenta la isla conoce un auge muy importante, la actividad turística se convierte poco a poco en el motor de la economía de la isla. Las condiciones de las escuelas se mejoran. El deporte hace una entrada estrepitosa, trastornando las costumbres. Una central eléctrica abastece una red que comienza a imponerse en el campo. El aeropuerto toma forma y no deja de desarrollarse hasta nuestros días. Otras realizaciones importantes se realizan. La isla conoce un desarrollo muy importante que va a ir acentuándose. Se comienza a hablar de la protección del medio ambiente, lo que es inevitable en una población que no cesa de crecer: con 2.491 habitantes en 1974, y que actualmente se acerca a los 9.000 habitantes.
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Gustavia
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