Muchos creen conocerla, pocos saben dónde situarla. Se sabe que es una isla, en alguna parte del Arco Antillano. ¿Se la imagina urbana, mundana? Es auténtica, secreta, relajada. Un pequeño trozo de naturaleza, menos extenso y menos poblado que numerosos pueblos del campo francés, sin otras riquezas que su tranquilidad, sus días soleados, el tesoro de su reserva marina protegida y sus paisajes preservados.

Y, por supuesto, una oferta turística de excelencia entre las más variadas y refinadas: quintas, hoteles y spas, algunos de los mejores restaurantes de esta parte del mundo, todo un abanico de pasatiempos y deportes náuticos, encuentros de vela prestigiosos, acontecimientos culturales todo el año, y el irresistible atractivo de las compras…

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